El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha publicado este sábado, 7 de noviembre de 2026, una guía práctica de aerotermia para comunidades. Su ejemplo es un edificio de 75 viviendas con caldera central de gas. Necesitaría una inversión de 200.000 a 300.000 euros e ingresaría de 120.000 a 150.000 euros por la venta de sus certificados de ahorro energético.
El documento, fechado en octubre de 2026, explica cómo se instala la aerotermia en comunidades de propietarios de edificios ya construidos y qué mayoría hace falta en la junta. Según la nota del IDAE, llega a la vez que los nuevos multiplicadores del sistema de certificados, válidos hasta el 31 de diciembre de 2027.
Mayoría simple en la junta si la cuota anual no pasa de doce mensualidades
La guía recuerda las dos vías del artículo 17 de la Ley de Propiedad Horizontal, que nombra de forma expresa la aerotermia y la geotermia entre las energías renovables. Si la instalación es de uso común, el apartado 2 exige solo la mayoría simple de propietarios que a su vez sume la mayoría de las cuotas. La condición es que lo que se repercute cada año a los vecinos, ya descontadas las ayudas públicas y aplicada la financiación, no supere doce mensualidades ordinarias de gastos comunes.
Por encima de ese importe se aplica el apartado 1. Cualquier propietario puede pedir que se vote y el acuerdo sale con un tercio de los vecinos que represente un tercio de las cuotas. En esa segunda vía la ley no permite cargar el coste a quienes no votaron a favor, mientras que en la primera el gasto se reparte entre todos como gasto general y el disidente no puede librarse de pagarlo.
Antes de votar, el IDAE pide un estudio técnico de la calefacción actual, el aislamiento, el espacio para los equipos y la acometida eléctrica.
El bloque de Madrid del ejemplo reduce un 45 % su consumo de energía
El caso práctico sitúa el edificio en la ciudad de Madrid, en la zona climática D3, con calefacción y agua caliente centralizadas. La comunidad instala una bomba de calor aerotérmica central y mantiene la caldera de gas como apoyo para los días de más frío. Esa solución híbrida abarata la obra y aprovecha las tuberías existentes sin entrar en los pisos.
Con ese diseño, el consumo de energía final del bloque baja alrededor de un 45 %. La guía no da el ahorro en la factura, que depende de la eficiencia real del equipo y de los precios del gas y de la luz. El reparto que propone el IDAE es de unos 2.500 a 3.000 euros por vivienda. Esa horquilla encaja con la parte baja del presupuesto, porque 300.000 euros entre 75 pisos salen a 4.000 euros por vivienda.
Los certificados devolverían entre 1.600 y 2.000 euros a cada vivienda
Los certificados de ahorro energético, o CAE, permiten vender el ahorro conseguido a empresas que lo compran, normalmente a través de un intermediario que lo descuenta de la factura de la obra o lo paga a la comunidad. La guía toma como referencia de 115 a 140 euros por MWh ahorrado, los precios medios que el Ministerio para la Transición Ecológica publicó en agosto de 2026, y aconseja pedir varias ofertas porque el precio se pacta libremente.
En el bloque del ejemplo, los 120.000 a 150.000 euros de los CAE equivalen a 1.600 o 2.000 euros por vivienda, ya con el multiplicador por tres que se aplica a los edificios con calefacción central. Ese multiplicador sube a cuatro si el bloque cambia calderas individuales por un sistema central, y todos crecen un 50 % en las viviendas de consumidores vulnerables, como detallan los multiplicadores de los CAE para la bomba de calor. El IDAE advierte de que lo que se cobra por los certificados tributa.
A esos ingresos se suma la deducción en el IRPF de hasta el 60 % por obras de eficiencia energética en el edificio. Cada propietario la aplica en su declaración, con una base máxima de 5.000 euros al año. Los ayuntamientos pueden además bonificar hasta un 50 % el IBI y hasta un 95 % el ICIO, solo si su ordenanza fiscal lo recoge. Otra opción es contratar a una empresa de servicios energéticos, que financia la obra y la cobra con parte del ahorro durante los años que fije el contrato.
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Los radiadores pueden quedarse y la obra se hace en verano
Las bombas de calor actuales funcionan con temperaturas exteriores de hasta 15 grados bajo cero, aunque rinden menos al bajar el termómetro. Por cada kWh de electricidad dan entre 2 y 4 kWh de calor, así que la luz que sube pesa menos que el gas que se deja de pagar, según la guía.
En muchos edificios sirven los radiadores existentes, siempre que calienten lo suficiente a la temperatura de trabajo de la bomba. El IDAE recomienda hacer la obra en los meses de verano, fuera de la temporada de calefacción, y elegir bien dónde van las unidades exteriores para cumplir la normativa de ruido.
Los equipos principales duran de 15 a 20 años con un mantenimiento correcto, según la guía.










